Muchos anticipan que Trump podría gobernar de manera autocrática, basándose en su historial de desestimar normas democráticas, priorizar la lealtad personal sobre las instituciones y emplear una retórica divisiva y polarizadora. Sus críticas constantes a los medios de comunicación, su admiración por líderes autoritarios y su tendencia a socavar los contrapesos institucionales refuerzan esta percepción. Además, sus acciones previas, como cuestionar los resultados electorales y promover políticas mediante órdenes ejecutivas en lugar de a través del Congreso, han llevado a algunos a preocuparse por un estilo de gobierno más centralizado y autoritario.
Estas preocupaciones reflejan un temor generalizado de que la reelección de Trump pueda conducir a un gobierno más autocrático, con posibles repercusiones tanto a nivel nacional como internacional.
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